Gigantes y Tarasca del Corpus de Granada, figuras emblemáticas de la tradición popular, encarnan personajes históricos y simbólicos que evocan las múltiples culturas que han construido la ciudad. Entre memoria, fiesta y sátira, estas figuras recuerdan que la historia de Granada también se transmite en la calle, de generación en generación.
La historia de Granada se remonta a varios milenios y constituye uno de los relatos más complejos y fascinantes del sur de Europa. Desde los primeros asentamientos íberos hasta la ciudad universitaria y multicultural actual, Granada ha sido cruce de pueblos, culturas y religiones, dejando una huella profunda en su paisaje urbano y humano.
Caminar hoy por Granada es atravesar capas de tiempo superpuestas: íberos, fenicios, romanos, musulmanes y cristianos han construido un patrimonio histórico vivo, visible en sus barrios, monumentos y formas de habitar la ciudad. Esta riqueza convierte a Granada en un destino privilegiado de turismo cultural, especialmente para viajeros que buscan experiencias auténticas, conscientes y personalizadas.
En este artículo proponemos un recorrido histórico completo, desde los orígenes hasta la época contemporánea, con claves interpretativas y datos esenciales, siempre desde una mirada divulgativa y humana, la misma que guía las visitas culturales personalizadas en Granada de Nasrid.
Íberos, fenicios y cartagineses: los primeros pobladores
Mucho antes de Granada como ciudad, el territorio ya estaba habitado. La primera gran cultura documentada es la íbera. A partir del siglo VII a.C., pueblos como los turdetanos y túrdulos, herederos del mundo tartésico, se asentaron en esta región. Uno de los enclaves más destacados fue Basti, la actual Baza.
De este periodo procede una de las piezas arqueológicas más emblemáticas del sureste peninsular: la Dama de Baza, escultura funeraria íbera del siglo IV a.C., realizada en piedra policromada y asociada a una figura femenina de alto rango, posiblemente sacerdotisa o guerrera. Su hallazgo revela la complejidad social y simbólica de estas comunidades.
Posteriormente, los fenicios establecieron colonias en la costa granadina, como Sexi (Almuñécar) o Salubinia (Salobreña), integrando el territorio en redes comerciales mediterráneas. Más tarde, los cartagineses consolidaron su control hasta la derrota frente a Roma en las Guerras Púnicas, que marcaron un punto de inflexión definitivo.
Granada romana y visigoda: el final de la Antigüedad
Con la victoria romana, la ciudad pasó a llamarse Iliberis, integrada en la provincia de la Bética bajo el nombre oficial de Florentia Iliberritanorum. La romanización trajo consigo el latín, nuevas infraestructuras y la temprana difusión del cristianismo. Granada comenzó entonces a adquirir importancia administrativa y estratégica, reforzando sus defensas.
Tras la caída del Imperio romano, los visigodos mantuvieron la ciudad —conocida como Elvira— como núcleo urbano relevante. Sin embargo, este mundo tardoantiguo se desmoronó rápidamente tras la derrota del rey Rodrigo en la batalla de Guadalete (711), que abrió el camino a la conquista musulmana de la península.
Al-Ándalus: del califato omeya a las dinastías norteafricanas
Entre los siglos VIII y XI, Granada formó parte del califato omeya de Córdoba, aunque sin un papel central hasta su desintegración en 1031. Es entonces cuando surge la taifa zirí de Granada, gobernada por una dinastía bereber procedente del norte de África.
El fundador del reino, Zawi ben Zirí, trasladó la capital a Granada y sentó las bases de la ciudad medieval, reforzando la alcazaba y las murallas del actual Albaicín. Granada se consolidó así como centro político y cultural.
En 1090, los almorávides incorporaron Granada a su imperio, seguidos en el siglo XII por los almohades, que ampliaron y reforzaron el sistema defensivo. Cada dinastía dejó su impronta urbana, visible todavía en lienzos de muralla como los del Realejo.
El reino nazarí y la Alhambra: el gran esplendor medieval
En 1238, Muhammad I Ibn al-Ahmar fundó el Reino nazarí de Granada, último estado musulmán de la península ibérica, que perduró más de dos siglos. Gracias a su diplomacia, al pago de parias a Castilla y a una geografía protegida por Sierra Nevada, el emirato mantuvo su independencia hasta 1492.
Este periodo supuso el máximo esplendor cultural y artístico de Granada. La gran obra de los nazaríes fue la Alhambra, concebida como ciudad palatina y símbolo de poder. Construida progresivamente entre los siglos XIII y XIV, el conjunto incluye palacios, fortaleza, jardines y el Generalife, residencia de recreo.
La Alhambra no es solo arquitectura: es una concepción del espacio, del agua, de la luz y del poder. Su sofisticación impresionó incluso a Carlos V, que siglos después mandó edificar su palacio renacentista junto a ella.
La conquista cristiana y la transformación de la ciudad (1492)
A finales del siglo XV, Granada era el último bastión musulmán en la península. Tras una guerra prolongada, Boabdil, último rey nazarí, firmó las Capitulaciones de Granada en 1491. El 2 de enero de 1492, los Reyes Católicos tomaron oficialmente la ciudad.
La conquista transformó radicalmente Granada. Se inició un proceso de cristianización y castellanización: mezquitas fueron sustituidas por iglesias, y surgieron grandes símbolos del nuevo poder, como la Catedral, la Capilla Real y el Palacio de Carlos V.
Pese a las promesas iniciales, musulmanes y judíos fueron obligados a convertirse o abandonar la ciudad. Las expulsiones y revueltas moriscas provocaron una profunda ruptura social y demográfica.
Carlos V, Barroco y decadencia (siglos XVI–XVIII)
En 1526, Carlos V visitó Granada tras su boda y ordenó construir su palacio junto a la Alhambra, aunque nunca llegó a residir allí. Durante los siglos XVI y XVII, Granada vivió un notable desarrollo artístico, especialmente en el ámbito barroco, visible en iglesias, conventos y retablos.
Sin embargo, la expulsión definitiva de los moriscos en 1609 y la pérdida de peso político condujeron a un declive progresivo. En el siglo XVIII, Granada conservaba su trazado medieval, pero había perdido protagonismo frente a otras ciudades.
La Guerra de la Independencia y el redescubrimiento romántico
Entre 1810 y 1812, Granada fue ocupada por las tropas napoleónicas. Aunque los franceses introdujeron algunas mejoras urbanas, la ciudad sufrió saqueos y empobrecimiento.
Paradójicamente, el siglo XIX trajo también una segunda edad dorada simbólica: el redescubrimiento romántico. Viajeros, escritores y artistas europeos quedaron fascinados por Granada y la Alhambra. El más influyente fue Washington Irving, cuyos Cuentos de la Alhambra proyectaron una imagen mítica de la ciudad en Europa y América.
Gran Vía y modernización urbana
A finales del siglo XIX, Granada emprendió una profunda reforma urbana. La Gran Vía de Colón, inaugurada en 1895, supuso la demolición de una parte significativa del casco histórico para crear un eje moderno, con edificios eclécticos y modernistas.
Este proyecto reflejaba la voluntad de modernización y conectó la Granada medieval con la ciudad contemporánea, redefiniendo su imagen urbana.
Granada contemporánea: patrimonio vivo y turismo cultural
Hoy Granada es una ciudad universitaria, dinámica y multicultural, pero también un museo al aire libre. La Alhambra y el Albaicín, declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO, simbolizan la continuidad de un legado histórico excepcional.
Recorrer Granada es pasear por siglos de historia: el Sacromonte, el Albaicín, la Carrera del Darro, la Bib-Rambla o los miradores frente a la Alhambra son escenarios donde el pasado sigue dialogando con el presente.
Descubrir Granada con Nasrid: historia, interpretación y experiencia
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Nuestras visitas guiadas personalizadas apuestan por grupos reducidos, miradas humanas y un turismo respetuoso con la ciudad y sus habitantes. Porque Granada no se consume: se escucha, se recorre y se comparte.
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